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Ángel Quintana Sanabria.
17 de julio de 2008.
La
secuencia de fotos que presento a continuación, fue tomada
entre el 24 y el 25 de diciembre del año 2007 en la
población de San Andrés Ziróndaro, municipio de Quiroga, en
Michoacán. Corresponde al cambio de cargo de madre mayor.
La encargada es considerada “mayordoma” encargada de cuidar
al niño Jesús durante el transcurso de un año. Este
es el punto culminante de las diferentes celebraciones del
culto popular, a la vez que marca el inicio de un nuevo
ciclo de fiestas anuales. Es además el cargo de mayor
relevancia para una mujer de este pueblo.
Luego de
que la madre mayor en funciones selecciona a la que
le seguirá en el cargo, se le hacen las visitas que sean
necesarias para que la persona seleccionada acepte el cargo,
lo cual se consulta con el esposo (y este a su vez lo hace
con sus familiares), pues en el cumplimiento de las
responsabilidades de las mayordomías, las cargas económicas
y organizativas son complejas, costosas e involucran a todos
los familiares y padrinos del mayordomo o mayordoma. De
hecho, la selección de “madre mayor”, recae en la esposa del
individuo que ha cumplido a satisfacción de los mayordomos
en turno, con los cargos que se consideran más importantes
en el mantenimiento de “la tradición” local.
La parte
“fuerte” de la celebración inicia el 24 de diciembre por la
mañana (cuando inicia esta secuencia fotográfica), en el
momento en que el padrino de velación de ceremonia
matrimonial de la mayordoma, sale de su casa acompañado de
sus familiares, con el fin de invitar a los priostes y el
juez, para que asistan a la ceremonia de cambio de cargo y
luego acompañen a la madre mayor a cenar en la casa de su
padrino (o en su defecto, en la casa de la “madre mayor”).
Por su
parte, los priostes hacen lo propio, y el padrino de
velación de cada uno de ellos (o en su defecto un familiar
cercano), visitan las casas de los priostes y el juez, para
hacerles una invitación similar, de tal forma que las
comisiones que invitan se cruzan en el camino o se
encuentran en la misma casa. Es “costumbre” que al invitar,
se les lleve una olla de pozole y una botella de tequila
para el prioste y su esposa; ellos a cambio, invitan una
botella para los hombres y otra para las mujeres, que deberá
ser consumida antes de salir de la casa, debido a lo cual,
es importante contar con una comitiva numerosa, ya que, de
lo contrario, la comitiva puede estar “cahuicha” (borracha),
antes de concluir su encomienda.
Muchas
actividades paralelas se realizan previamente a este
momento.
Las
niñas y las jóvenes solteras, ensayan y preparan su traje
para la danza de pastoras que acompaña a la madre mayor. Los
jóvenes, preparan la danza de los negritos, para participar
en la ceremonia. Todos ellos organizados y dirigidos por un
encargado, casado. Las mujeres mayores de cada casa
involucrada en la celebración, calculan y compran los
alimentos que se van a consumir los días que dure la
celebración, consiguen loza y ollas o tinas y leña para
preparar los alimentos. Los familiares de padrinos y
mayordomos, se preparan para “ayudar” con comida, trabajo,
pero sobre todo bebida. La música, si es que corresponde, la
pone el mayordomo o su padrino. Cada mayordomo debe preparar
un “altarcito” en la iglesia, aparte de la comisión de
adorno del pasillo central de la misma. El “altarcito” que
se pone junto al altar de la iglesia, corresponde a la
madre mayor. La iglesia parece encontrarse en el bosque
en ese momento, pues el elemento principal del adorno son
ramas de pino traídas de los cerros de propiedad comunal,
cercanos.
La
ceremonia donde participa la madre mayor y su esposo, inicia
con la salida de la casa del padrino (o de la propia madre
mayor), escoltada por las esposas de los otros mayordomos
entrantes y algunos cuetes que anuncian a los habitantes del
pueblo el inició del evento. Los salientes esperan en la
iglesia. Al final de la procesión caminan las pastoras.
Todos entran a la iglesia hasta que llega “tata cura”, el
cual normalmente no ve con buenos ojos esta celebración y
hace esperar a los mayordomos un buen rato, pero una vez que
se realiza la ceremonia, desaparece de la escena.
Durante
la misa, la madre mayor y su esposo cargan al Niño
Dios, ricamente ataviado, y se hacen cargo de sus cosas y su
cuidado.
Al salir
de la iglesia no faltan los cuetes y todos se trasladan a
la casa de la madre mayor, seguidas por las pastoras y los
negritos. Se preparan mesas en la calle, para dar de cenar a
los mayordomos que corresponden a los nuevos cargos. Los
demás asistentes son servidos en platos más pequeños y
parados. El padrino y sus parientes ofrecen vino a todos los
presentes, en un par de vasos desechables, la que debe
tomarse en el momento y a la que previamente debe tomarle
quien reparte, “para quitarle el veneno”. Los mayordomos se
retiran a cumplir con la visita a todos los demás mayordomos
y los de casa se quedan.
La
celebración termina de madrugada y al amanecer se verán de
nuevos los familiares para almorzar, comer y repartir lo que
quede de comida. Las responsabilidades vendrán después.
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